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PARTE DE LA VIDA Y OBRA DE SOR BEATRIZ LAVIADA ARRIGUNAGA, CONTADA A TRAVÉS DE SU SOBRINO ANTONIO PATRÓN LAVIADA

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Con motivo del aniversario luctuoso de Sor Beatriz Laviada Arrigunaga, su sobrino Antonio Patrón Laviada, nos plática sobre las vivencias y trayectoria de esta religiosa que tanto hizo por los menos favorecidos en Yucatán, y a quien él admira profundamente.

 

Entre las historias que Doña Cecilia Laviada Arrigunaga, hermana menor de Sor Beatríz, le contaba a Antonio él sabe que su abuela, Doña Fausta Arrigunaga Peón, fue una mujer que tenía fascinación por el campo, que disfrutaba salir de excursión con sus hijos, y amaba los animales: “esperaba a que mi abuelo Don Antonio Laviada Arana saliera de la casa para permitir la entrada a personas humildes necesitadas de alimento o de curación, y atenderlas. Mi abuela siempre fue sencilla en su vestir y su arreglo, ese fue el ejemplo que tanto mi madre, como mi tía Beatriz vieron toda su vida, de ahí que mi tía se involucrara en la labor de ayuda a la gente necesitada”. Beatriz vivió una infancia feliz, rodeada por sus hermanos.

 

Tenía una relación muy cercana con Celina Cano Peón, su prima, con quien compartía el gozo en la ayuda a los demás. A los 18 años Beatriz y Celina manifiestan a sus padres el deseo de ser monjas y viajaron a Europa a visitar diferentes congregaciones. Beatriz se enamoró de la labor de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul e ingresó a la Congregación. Al terminar los cinco años de noviciado realizó sus votos por primera vez, y así comenzó su misión en México y Sudamérica.

 

Sor Beatriz pedía que la asignaran a misiones, específicamente que la mandaran a África, sin embargo, la enviaron a Perú y Bolivia. Estuvo fuera de México por más de 20 años. Después de muchos años en el extranjero, regresó a Yucatán asignada al Hospital O’Horán. Siempre se mostraba solícita y cariñosa con los enfermos, y a la vez feliz de estar cerca de su familia. Ahí se percató de la situación de algunos ancianos y discapacitados, que al ser dados de alta no tenían lugar a dónde ir. Así es como surgió la idea de construir un albergue, que se materializó gracias al comité de damas voluntarias de San Vicente de Paul, quienes lograron reunir fondos para la construcción de la Ciudad Vicentina, inaugurada en 1988 y que hasta hoy continúa albergando un gran número de personas necesitadas.

 

Posteriormente, las Hermanas comenzaron a albergar familiares de enfermos que ahí eran atendidos y, que procedentes de otros estados del país y Centroamérica, no tenían un lugar digno para cubrir sus necesidades básicas. El número de albergados aumentaba día a día por lo que se decidió ampliar y acondicionar el inmueble. Así es como en 1989 fundan el Albergue Temporal San Vicente de Paul.

 

Gracias a la iniciativa de la religiosa se constituyó el Patronato del Albergue San Vicente de Paul el 13 de septiembre de 1968 bajo el nombre de Institución Asistencial A.C; con la finalidad de resolver cuestiones administrativas del albergue y de hacer deducibles de impuestos las donaciones recibidas y así facilitar el trabajo en conjunto con la sociedad.

 

Sor Beatriz falleció el 19 de agosto de 2015 a la edad de 90 años. Dedicó la mayor parte de su vida a la protección y amparo de los más desfavorecidos. Fue también quien sembró la semilla de obras como Cotolengo -del Padre Raul Kemp- y el Albergue Amor y Vida.

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